Si bien China está recuperando en algo su demanda por el metal rojo, la contracción global hará que el consumo baje 4% este año. Estas perspectivas harán que el precio del commodity esté en torno a US$ 2,4 la libra, en promedio, hasta el 2021.

Los últimos días no han sido fáciles para la industria minera. El alza de los contagios y los decesos registrados en las últimas dos semanas en distintas empresas —y que las organizaciones sindicales cifran ya en nueve— han incrementado la presión sobre la efectividad de las medidas de control que las compañías están aplicando.

Además, ha llevado a algunos sectores a plantear la posibilidad de suspender las faenas extractivas como una forma de controlar la expansión de la enfermedad al interior de las faenas y en las ciudades donde estas se encuentran. En momentos en que la producción de la minería ha logrado sortear el impacto de la pandemia y se ha mantenido firme durante el primer semestre, ayudando a contener el derrumbe de la actividad económica del país, la idea de paralizar las operaciones es resistida no solo por las propias empresas, pues el presidente ejecutivo de Codelco, Octavio Araneda, hace un par de días en entrevista con “El Mercurio” dijo que poner restricciones adicionales a este sector tendría un efecto “catastrófico” sobre la economía.

Incluso, el presidente del Banco Central, Mario Marcel, se hizo eco de la preocupación y le pidió a la industria redoblar sus esfuerzos para evitar, precisamente, la adopción de medidas más estrictas. Todo para evitar repetir en Chile situaciones como la de Perú, donde la economía cayó un 40% como resultado de las estrictas cuarentenas y la paralización de minas que tienen un peso importante en la producción de ese país, debido al alto número de contagios en sus dotaciones.

Dirigentes del sector y ejecutivos, como el propio timonel de Codelco, han anticipado que los meses de julio y agosto serán los más complejos para la minería, una visión que comparten los analistas. El agotamiento de las dotaciones que han operado en esquemas de contingencia durante los últimos casi cuatro meses, la postura cada vez más crítica de los sindicatos respecto de los protocolos adoptados por las compañías y la presión sobre las autoridades para extremar las restricciones podrían empañar durante el segundo semestre los buenos resultados de la primera parte del ejercicio.

De hecho, este panorama más complejo para la minería en Chile y en otros países productores de cobre tiene a los analistas revisando sus proyecciones respecto del impacto de la pandemia sobre la oferta del metal rojo. Lo mismo ocurre en relación con las estimaciones de la recuperación del consumo, a la luz del deterioro global de la economía. “En estas semanas, con el empeoramiento de la pandemia en Chile y el aumento del número de trabajadores mineros contagiados, es probable que los efectos aumenten significativamente, pues el distanciamiento social y los controles se deben volver mucho más rigurosos.

Además, está el riesgo de que una faena importante deba suspender actividades si es que no logra controlar un brote de covid-19, como fue el caso de Antamina en Perú, o de Cobre Panamá, en Panamá. Codelco suspendió la fundición de Chuquicamata y parcialmente la refinería de esta misma división, el primer ejemplo en Chile de este tipo de medidas. Aunque esto último no afecta la producción, muestra que el aumento de casos entre los trabajadores de una operación minera puede llevar a las empresas a tomar medidas más drásticas, y esto tiene un efecto mayor sobre la oferta”, explica Erik Heimlich, analista principal de la oficina en Santiago de CRU Group.
A inicios de junio y en el marco de un webinar que la Sociedad Nacional de Minería (Sonami) organizó para sus socios, esta firma inglesa de análisis de commodities proyectaba para este año una contracción de unas 700 mil toneladas en la oferta mundial de cobre de mina. Y ahora, menos de un mes después, ese cálculo se empina sobre el millón de toneladas, respecto de la proyección que manejaban en enero pasado, en un escenario pre covid-19.
Hasta ahora la pérdida efectiva de producción bordea las 500 mil toneladas. Un primer factor que fundamenta la proyección de la consultora son los recortes de producción adoptados por compañías como Freeport McMoRan —en Chile y Estados Unidos— en respuesta al desfavorable escenario de precio que el cobre venía arrastrando desde el año pasado.
El segundo elemento son las disrupciones asociadas a la paralización de faenas en países como Perú, Panamá e Indonesia, debido al alto número de contagios entre sus trabajadores. En tercer lugar mencionan la menor productividad, asociada a las medidas de control sanitario implementadas.

La estimación de CRU Group para Chile —que produce un tercio del cobre del mundo— es que este año la producción podría estar por debajo de las 5,7 millones de toneladas de cobre de mina, cifra que ya es inferior a las casi 5,8 millones de toneladas de 2019. Advierte que eso en el caso de que las grandes faenas mineras logren sortear la pandemia sin suspensiones totales de producción, a diferencia de lo que sí ocurrió con Cobre Panamá o con Antamina, en Perú.

Heimlich agrega que algunas empresas mineras han logrado operar razonablemente con los sistemas extendidos de turnos y con la reducción de personal, al menos temporalmente. Otras han recurrido a explotar minerales de mayores leyes para mantener la producción en este período. Pero, añade, “eso no es sostenible indefinidamente y algunas pérdidas de producción podrían aparecer posteriormente”, dice el analista.

El director ejecutivo de la consultora local Plusmining, Juan Carlos Guajardo, coincide con esta visión. A su juicio, las medidas de contingencia adoptadas por las compañías mineras en Chile probablemente tengan un efecto en el mediano plazo. “Nuestras actuales estimaciones apuntan a una caída en la producción para el 2020 de entre 187 mil (-3,2%) y 320 mil (-5,5%) toneladas de cobre, lo cual dependerá de cómo continúe aplicándose la política de continuidad operacional y su efectividad”, dice Guajardo.

El profesional agrega que estos rangos corresponden a una estimación conservadora, pues no consideran casos de detenciones parciales o totales en las faenas por infecciones masivas. “Una situación diferente sería si se registran paralizaciones”, dice. Estas proyecciones de Plusmining agregan un elemento adicional, que apunta a que la menor producción se podría extender al 2021 en aproximadamente 120 mil toneladas de cobre fino, que estarían en riesgo el próximo año. A nivel mundial, ellos esperan que la producción caiga entre 870 mil y 1,5 millones de toneladas. Este año el consumo mundial caerá en 1,4 millones de toneladas.

Si por el lado de la oferta de cobre las proyecciones no son favorables, la situación respecto de la demanda no es mucho mejor. En Plusmining estiman que pese a la rápida recuperación observada en China, el rezago que tendrá el mundo occidental en su retorno a niveles productivos normales haría caer la demanda en torno a un 6,5% respecto a las estimaciones previas al covid-19. En términos de volumen, CRU Group plantea que este año el consumo mundial caerá en 1,4 millones de toneladas, de las cuales unas 800 mil toneladas corresponden a un impacto estructural, pues sería una demanda que podría recuperarse recién hacia 2024.

La consultora plantea que para el caso de la demanda China, revisaron sus proyecciones. Si en junio estimaban una contracción de 2% en la demanda de ese mercado, ahora proyectan una leve mejoría, para situar una demanda plana respecto de 2019. Combinado esto con una contracción cercana al 8% en el resto del mundo, “estamos viendo una disminución de la demanda global de alrededor del 4%, una baja relativamente modesta dada la magnitud de la pandemia de covid-19 y su impacto en la actividad económica mundial”, dice Heimlich, quien precisa que si bien mantienen el volumen de menor consumo que proyectaban a inicios de junio, la diferencia es que ahora ven a China mejor, recuperando con rapidez los inventarios perdidos, y al resto del mundo —básicamente Europa y Estados Unidos — con una actividad productiva vinculada al cobre peor que en su estimación anterior.

La visión que CRU Group entregó a los socios de la Sonami es que el neto entre las reducciones de oferta y demanda de cobre será un superávit de unas 400 mil toneladas de cobre, desbalance que aunque esperan se vaya reduciendo en los próximos años, persistiría al menos hacia 2024, lo que impactará los precios del metal, ubicándolo por debajo de los niveles vistos en las últimas semanas o de los US$ 2,74 que lleva como promedio de este mes.

“Vemos que el precio para este año y el próximo estará en torno a un promedio de US$ 2,40 por libra. De ahí en adelante, vemos una tendencia alcista para llegar a los US$ 3 por libra el año 2024. Este, sin embargo, representa un nivel inferior a nuestra expectativa previa de precio de largo plazo. Van a ser años complejos para la industria en términos de precio y aun cuando los costos han bajado por el tema de los combustibles y el tipo de cambio, de todas formas le pondrá presión, especialmente para la mediana minería”, les explicó a los socios de la Sonami Juan Esteban Fuentes, jefe local de CRU Group.

Fuente: El Mercurio