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SEÑOR DIRECTOR

Solo en los últimos 15 años el litio ha tenido valor. Hasta antes de ser conocido por su utilidad en la fábrica de baterías, se usaba principalmente en vidrios y cerámicas, y su precio cayó sostenidamente entre 1950 y 2005.

Por años, Chile figuró como exclusivo poseedor de este recurso, incubando un primer mito: que Chile tiene poder monopólico. Pero es un espejismo. Una vez que se comenzó a explorar, el mundo ha logrado multiplicar por siete los recursos en solo 20 años. Solo en reservas, hay litio para más de 200 años.

Otro mito es que es el pasaporte a la industrialización. Se cree que Chile podría fabricar baterías y hasta autos eléctricos. Para esto se requiere tecnología de punta, know how y cercanía con los centros industriales, lo que no tenemos aún. Todos anhelamos producir bienes más sofisticados. Eso será posible después de transitar un camino donde mejoremos aspectos como la ciencia básica y aplicada, la organización industrial, la cooperación público-privada y el ecosistema de negocios. Por el momento, Chile puede dar algunos pasos en la fabricación de componentes para baterías e iniciar este camino.

Un tercer mito es que el litio sería un nuevo cobre. Esto no sucederá, pues su mercado es solo el 3% del tamaño del cobre, sus exportaciones en Chile son 700 millones de dólares mientras las del cobre superan los 40 mil. El litio sí puede ser una importante fuente de ingresos (siempre y cuando lo produzcamos).

Y si de leyendas se trata, una de la que poco se habla es la triste historia del salitre, cuya sustitución marcó a Chile. Como el salitre, el campo de juego del litio es en el área química y existe mucha investigación que podría resultar en su sustitución.

Chile pasó de tener el 42% de la producción mundial el 2000 a un 22% actualmente. En igual periodo, Australia pasó de 15% a 49%, y Argentina y Brasil aceleran, con aumentos de 2% a 8% y 0,2% a 2,3% respectivamente.

El litio tiene una perspectiva sólida de demanda en la siguiente década. Más allá, no es posible asegurarlo. Chile tiene los mejores recursos, pero otros países avanzan rápido. No es sensato seguir esperando si podemos ser el país más beneficiado al producirlo. Estaríamos regalando la oportunidad. También es legítimo que el nuevo gobierno quiera establecer sus prioridades. Ojalá se encuentre un balance entre el gobierno saliente y el entrante.

Juan Carlos Guajardo

Fuente: La Tercera