El cobre vuelve a instalarse en niveles históricamente altos y, esta vez, no como un fenómeno pasajero.
Así lo plantea el último Informe de Tendencias del Mercado del Cobre de Cochilco, dado a conocer este martes, que elevó su proyección de precio promedio del metal rojo a US$4,95 la libra para 2026 y a US$5,00 la libra para 2027. Se trata de un ajuste relevante respecto de estimaciones previas y que refuerza la idea de que Chile enfrenta un ciclo prolongado de precios elevados, con impactos directos sobre las cuentas fiscales, la inversión y el margen de acción económica del próximo gobierno.
Desde el Ejecutivo, la ministra de Minería, Aurora Williams, explicó que este escenario responde a un mercado tensionado, marcado por una oferta inestable y episodios recurrentes de estrechez de suministro, en particular de concentrados de cobre. “No es una situación de equilibrio permanente”, advirtió, subrayando que pequeñas perturbaciones pueden provocar fuertes variaciones en precios y primas por entrega inmediata. En otras palabras, el alto valor actual del cobre es reflejo de un mercado con baja holgura.
El diagnóstico es compartido por Cochilco, que proyecta para 2026 un déficit moderado de cobre refinado de 238.000 t, en un contexto de inventarios críticos en las principales zonas de consumo. Para 2027, en tanto, el balance retornaría a un cuasi equilibrio, con un leve superávit de 51.000 t, aunque sin garantizar holguras suficientes si la recomposición de inventarios compite con el consumo corriente.
El impulso de la inteligencia artificial
Más allá del balance puntual, el informe destaca un cambio estructural en la demanda. Según explicó la vicepresidenta ejecutiva de Cochilco, Claudia Rodríguez, el cobre ya no depende solo de sectores tradicionales como la construcción. Hoy emerge un “bloque digital” impulsado por la inteligencia artificial y la infraestructura de centros de datos, que puede requerir hasta cinco veces más cobre que las instalaciones convencionales. A eso se suma la fuerte inversión en redes eléctricas y energías renovables, lo que establece un piso de precios más alto y resiliente.
En términos de producción, Cochilco proyecta que la producción mundial alcanzará 23,73 millones de toneladas en 2026 y 25 millones de toneladas en 2027. Chile se mantendría como el principal productor global, con cerca del 24% del total, elevando su producción de 5,6 millones de toneladas en 2026 a 5,97 millones en 2027. Sin embargo, cumplir esas cifras no está garantizado.
Más billetera para el gobierno
Para Andrés González, encargado del área de análisis de la industria minera en Plusmining, el efecto inmediato del mayor precio está en los ingresos del Estado. “Cada centavo de dólar adicional implica una recaudación extra de entre US$30 y US$50 millones”, señala. Bajo ese cálculo, el alza proyectada podría traducirse en US$1.200 a US$2.000 millones adicionales.
González agrega que el desafío será fiscal: “Si vemos precios extraordinariamente altos, la pregunta es si esos recursos se ahorran o se gastan”, apuntando al rol de fondos soberanos como el FEES.
Ese punto resulta clave en un escenario político donde un eventual gobierno de José Antonio Kast podría asumir con una holgura fiscal mayor a la prevista en el presupuesto. Un cobre cercano a los cinco dólares facilitaría cumplir metas de reducción del déficit, estabilización de la deuda y financiamiento de prioridades sin subir impuestos, siempre que se evite —advierten los expertos— tratar ingresos transitorios como permanentes.
Desde la industria, Álvaro Merino, director ejecutivo de Núcleo Minero, introduce una cuota de realismo. “El principal desafío de la minería es elevar la producción”, sostiene, recordando que proyecciones anteriores no se cumplieron. A su juicio, sin una mejora en permisos y mayor certeza jurídica, Chile podría desaprovechar este ciclo favorable, pese a los altos precios internacionales.
“Para ello es necesario perfeccionar la institucionalidad, acelerando el otorgamiento de permisos, dando mayor grado de certeza a este proceso y creando mecanismos de estabilidad jurídica, a fin de que se despliegue con fuerza la actividad creadora de la iniciativa privada”, puntualiza Merino.
El optimismo se respira
En los mercados, la lectura es aún más optimista. Jorge Tolosa, operador de renta variable de Vector Capital, destaca que el informe “confirma lo que ya se ve en el mercado”, aunque le sorprende que Cochilco anticipe equilibrio en 2027, cuando bancos de inversión internacionales —señala— proyectan déficits crecientes hacia 2030. “La dimensión de la nueva demanda aún no está completamente determinada”, afirma, lo que podría empujar precios más altos por más
tiempo.
Una visión similar tiene Natalí Mercado, gerenta comercial y CEO de Mercado Minero, quien habla derechamente de un posible nuevo superciclo. “El optimismo se respira”, dice, destacando nuevas inversiones, exploraciones y extensiones de vida útil de yacimientos. Según Mercado, el efecto del cobre se filtra al resto de la economía, dinamizando servicios y comercio, y presionando el tipo de cambio a la baja, con impactos positivos en costos e importaciones.
“Esto es música para los oídos del mayor país productor de cobre, que es Chile. Muchos pronostican un nuevo superciclo como el vivido hace un poco más de 10 años. Chile está preparado y las señales son auspiciosas, con inversiones en el norte del país”, agrega Mercado.
Desde la academia, Javier Mella, de la Universidad de los Andes, subraya que este ciclo es distinto a los anteriores. “Está sustentado en un mayor número de usos del cobre”, señala, lo que reduce la dependencia de China, aunque este país seguirá concentrando cerca del 58% del consumo mundial. Para Mella, la recaudación adicional “fácilmente supera los 1.000 millones de dólares” y el principal riesgo futuro será cuidar la competitividad exportadora frente a un peso más fuerte.
Fuente: La Segunda