Las expectativas del sector minero ante la nueva arquitectura institucional

Actores de la industria coinciden en la urgencia de destrabar la permisología y avanzar en una agenda que devuelva certeza al sistema para impulsar la inversión y la productividad. También esperan un liderazgo capaz de conducir dos carteras sin diluir la agenda minera.

Por Valentina Céspedes

La sorpresiva decisión del próximo Gobierno de avanzar hacia una reorganización del Ministerio de Minería, incorporándolo, de momento, a una estructura común con la cartera de Economía, abrió un nuevo escenario institucional para el sector.

En el gabinete presentado el 20 enero, el presidente electo, José Antonio Kast, optó por anunciar un biministerio y nombrar a Daniel Mas Valdés como autoridad única. La definición abrió interrogantes sobre el liderazgo necesario para destrabar la inversión, reforzar confianzas y dar viabilidad a la agenda minera.

Desde el Consejo Minero, su presidente ejecutivo, Joaquín Villarino, señala que el desafio no es restablecer la certeza jurídica, sino reforzarla. A su juicio, también es clave imprimir mayor eficiencia al aparato público. Existe, dice, un consenso transversal sobre la necesidad de modernizar el sistema de permisos y la evaluación ambiental. «Tengo la esperanza de que el futuro ministro aproveche ese consenso y avance en una agenda que ya está en marcha», afirma. Agrega que el sector está disponible para colaborar y fortalecer la previsibilidad de los proyectos y la relación con las comunidades.

La urgencia es compartida por la Sociedad Nacional de Minería (Sonami). Su presidente, Jorge Riesco, advierte que Chile enfrenta una paradoja evidente. El escenario externo es favorable y las cifras son sólidas, pero la producción sigue estancada. Si no se corrigen los cuellos de botella, advierte, existe riesgo de caída de la inversión.

Por ello, Riesco plantea la necesidad de una agenda corta que devuelva certeza al sistema. Entre las prioridades menciona una tramitación más ágil y predecible a través del Sistema Nacional de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), una implementación clara del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP) y ajustes al Código de Minería que aseguren continuidad operacional. A ello se suma un apoyo efectivo a la pequeña y mediana minería. «Agilizar estos procesos podría elevar la producción entre 10% y 20%», sostiene.

Coincide el presidente de la Cámara Minera de Chile, Manuel Viera, quien también espera reactivar la producción minera a través de la reducción de permisos y políticas públicas que permitan avanzar en esa dirección, junto con la industrialización de recursos naturales. A su vez, plantea la necesidad de recuperar mecanismos que incentiven la inversión extranjera, con un diseño actualizado y más eficiente.

Incentivar inversión

Viera también subraya el rol que tendrá el nuevo biministro para destrabar proyectos estratégicos asociados al hidrógeno verde, cuyos retrasos reflejan las dificultades del actual marco regulatorio y de coordinación pública. Como ejemplo, menciona la falta de acuerdos entre la automotriz china BYD y Corfo, que derivó en el fallido plan para instalar plantas de litio y avanzar en mayor valor agregado.

Por otra parte, el director ejecutivo de Plusmining, Juan Carlos Guajardo, identifica varios temas que, a su juicio, ya no admiten gradualismo. Además de la llamada permisología y la certeza de plazos, menciona la competitividad de la minería madura, especialmente en expansiones y proyectos brownfield. La relación que Mas Valdés logre establecer con los territorios debe avanzar, a sus ojos, desde la consulta hacia una gestión temprana y profesional de acuerdos. Como último punto menciona el rol de Chile como proveedor confiable de minerales críticos en un escenario geopolítico cada vez más fragmentado.

«La minería dejó de ser solo un tema económico y Chile necesita definir cómo se posiciona en ese tablero y con qué narrativa país», roy afirma Guajardo. Agrega que una de las señales tempranas deseables será una subsecretaría de Minería con peso técnico, un plan inicial con medidas concretas y métricas claras, y acciones visibles para destrabar exploración y expansiones existentes. Todo ello manteniendo estándares ambientales, pero con procesos revisibles.

El impacto de un biministerio

La decisión de fusionar las carteras de Economía y Minería y avanzar a un biministerio genera visiones contrapuestas. Para Guajardo, puede ser una estrategia acertada si se logra alinear minería con inversión y productividad. Bien gestionada, podría reducir fricciones internas del Estado y mejorar la coordinación pública. Sin embargo, el ejecutivo advierte un riesgo: el rol político del Ministerio de Minería como interlocutor con empresas, sindicatos y territorios podría diluirse. «El diseño institucional debe asegurar y ojalá fortalecer una conducción minera con peso propio, capacidades técnicas y legitimidad política», enfatiza.

El presidente de la Cámara Minera de Chile es crítico. Cree que la cartera de Minería, por «su complejidad y desafios, debe ser con un ministro de dedicación exclusiva». En un contexto de alta demanda global por minerales, agrega, «se requiere que quien esté a cargo de la cartera tenga las competencias técnicas y el tiempo necesario para lograr esto», y añade que el sector requiere atraer inversionistas y la dualidad de funciones «puede retardar ese proceso».

Se requiere que quien esté a cargo de la cartera tenga las competencias técnicas y el tiempo necesario para lograr esto. El sector requiere atraer inversionistas y la dualidad de funciones «puede retardar el proceso, sostiene el presidente de la Cámara Minera de Chile, Manuel Viera

Fuente: Diario Financiero