Molibdeno y la geopolítica de la sustitución

Por Juan Carlos Guajardo, Director Ejecutivo de Plusmining.

La reciente fortaleza del precio del molibdeno no debe interpretarse simplemente como otro repunte de un subproducto asociado al ciclo del acero. Es una señal de cómo las tensiones en torno a los minerales críticos se están extendiendo hacia materiales con funciones industriales complementarias.

El movimiento de precios es significativo. La serie de precios spot del molibdeno del FMI alcanzó los US$ 65.503 por tonelada en mayo de 2026, un alza de 48,9% interanual, equivalente a un incremento desde aproximadamente US$ 20 por libra hasta cerca de US$ 30 por libra. No se trata únicamente de una historia de mayor demanda. Refleja también una prima por seguridad de suministro en torno a metales de aleación esenciales para la manufactura de alto desempeño.

La relación con el tungsteno es fundamental. Su dureza, densidad y resistencia al calor hacen que sea muy difícil de sustituir en carburos cementados, herramientas de corte, perforación, aplicaciones de defensa, aeroespaciales, penetradores y procesos de alta temperatura. Sin embargo, el tungsteno también es uno de los metales industriales con mayor concentración geopolítica, ya que China domina la producción minera, el procesamiento y la disponibilidad para exportación. Para los consumidores occidentales, el riesgo ya no es solo el precio, sino también el acceso autorizado al suministro.

Ese riesgo se hizo explícito en febrero de 2025, cuando China impuso controles a las exportaciones de productos relacionados con el tungsteno, telurio, bismuto, indio y molibdeno. Para los consumidores aguas abajo, esto implica riesgos de licenciamiento, mayores tiempos de entrega e incertidumbre en el abastecimiento para las cadenas de suministro de defensa, electrónica, industria aeroespacial, equipos mineros y energías limpias.

El molibdeno no es un sustituto universal. En muchas aplicaciones de metales duros y defensa, la dureza, resistencia al desgaste, densidad y estabilidad térmica del carburo de tungsteno no pueden reproducirse fácilmente. El mecanismo de sustitución consiste más bien en una reoptimización metalúrgica, que incluye reducir la intensidad de uso del tungsteno, rediseñar aleaciones, homologar carburos alternativos y modificar especificaciones técnicas para mantener el desempeño bajo condiciones de estrés en el suministro.

En ese proceso, el molibdeno adquiere un mayor valor estratégico. El carburo de molibdeno puede reemplazar parte de la funcionalidad de los carburos cementados de tungsteno en determinadas aplicaciones, mientras que los aceros y superaleaciones que contienen molibdeno mejoran la templabilidad, la resistencia a la fluencia, la resistencia mecánica a altas temperaturas y el comportamiento frente a la corrosión. Por ello, la sustitución no es un fenómeno binario, sino un espectro de reemplazos parciales y complementariedades funcionales.

Creación de demanda

Esto tiene implicancias importantes para dimensionar el mercado. La pregunta correcta no es cuántas toneladas de tungsteno pueden sustituirse directamente, sino cuánta demanda adicional de molibdeno se genera cuando los usuarios rediseñan materiales para reducir su exposición a un metal cuyo suministro está restringido.

En un mercado mundial de molibdeno de aproximadamente 300.000 toneladas anuales, una demanda adicional de entre 5.000 y 10.000 toneladas derivada de la sustitución, la recomposición de inventarios y la homologación de nuevos materiales representaría solo algunos puntos porcentuales del consumo total. Sin embargo, en aplicaciones especializadas, ello puede ser suficiente para restringir la disponibilidad y elevar significativamente el precio del material de alta pureza.

Este efecto se ve amplificado por la estructura de oferta del molibdeno. Gran parte de su producción proviene como subproducto de la minería del cobre, especialmente en sistemas de pórfidos. En consecuencia, la oferta no responde de manera muy elástica a los aumentos de precio del molibdeno. La producción depende principalmente de los planes mineros del cobre, las leyes del mineral, los circuitos de recuperación y la capacidad de procesamiento de subproductos.

Chile y Perú ilustran claramente este fenómeno. En ambos países, el molibdeno es un producto secundario de la minería del cobre, aunque ya constituye una exportación relevante. Las exportaciones chilenas de molibdeno alcanzaron alrededor de US$ 2.480 millones en 2025, ubicándose como el octavo producto de exportación del país. Perú exportó aproximadamente US$ 1.650 millones en mineral de molibdeno ese mismo año, convirtiéndose en su decimotercer producto de exportación. En ambos casos, precios más altos mejoran los créditos por subproductos, reducen los costos netos de producción del cobre y fortalecen los márgenes de las operaciones que recuperan molibdeno.

Para la industria minera, los subproductos ya no son elementos periféricos. Molibdeno, renio, vanadio, niobio, telurio, bismuto e indio pueden ser pequeños en comparación con el cobre, el mineral de hierro o el litio en términos de volumen, pero pueden resultar decisivos dentro de los sistemas industriales. Su valor depende de su función en materiales de alto desempeño, de su capacidad para reducir la exposición a cadenas de suministro controladas y de la dificultad que implica su homologación.

Esta es la nueva geopolítica de la sustitución. Los controles de exportación de China no necesitan interrumpir completamente el suministro para alterar el mercado. Basta con que generen suficiente incertidumbre sobre el acceso para que los fabricantes rediseñen sus estrategias de materiales. Una vez que comienzan los procesos de homologación de alternativas, sus efectos pueden persistir incluso cuando el shock inicial desaparezca.

Por ello, el repunte del molibdeno no constituye únicamente un evento de precios, sino también el síntoma de una transición desde una escasez de minerales hacia una escasez de funcionalidad. Los ganadores estratégicos serán quienes comprendan cómo interactúan los distintos materiales dentro de los sistemas industriales reales y cómo la sustitución puede transformar un subproducto históricamente subestimado en un activo crítico para las cadenas globales de suministro.

Fuente: Mining.com